Algunas operaciones inmobiliarias pueden parecer muy atractivas (y sólidas) sobre el papel: cuentan con buena ubicación, rentabilidad, precio ajustado y una documentación aparentemente completa. Sin embargo, el verdadero estado del activo suele estar en otra parte, en puntos que no siempre aparecen en la primera revisión comercial, como la estructura, las licencias o las obras que se hayan ejecutado. En es aquí donde la due diligence inmobiliaria se convierte en una herramienta clave antes de cerrar cualquier operación. No se trata únicamente de revisar papeles o confirmar datos registrales, que sí, es fundamental, pero también es necesario visualizar el estado real del inmueble, sus limitaciones técnicas y los riesgos que pueden afectar a su valor.
En este punto, una informe técnico-legal aporta una lectura independiente y pericial del activo, ya que permite analizar qué se compra, en qué estado se encuentra, qué problemas puede arrastrar y qué impacto económico pueden tener esos riesgos en la operación.
Si estás valorando una compra, te contamos qué puede aportar una due diligence técnica en tu operación.
Qué es una due dilligence inmobiliaria y por qué importa en 2026
Pero empecemos por el principio: ¿de qué hablamos cuando hablamos de due diligence inmobiliaria? Se trata de un análisis que va mucho más allá de una revisión documental; es un estudio completo del activo con un objetivo claro: reducir la incertidumbre y anticipar posibles contingencias antes de tomar una decisión de compra o venta.
En 2026 esta revisión cobra especial importancia por la complejidad del mercado inmobiliario. La vivienda sigue siendo uno de los grandes temas económicos y sociales en España: los inversores analizan con más cautela cada operación y los activos procedentes de carteras, procesos concursales, adjudicaciones o préstamos dudosos exigen un análisis más fino.
El Informe de Estabilidad Financiera del Banco de España sigue de cerca la evolución del crédito, la calidad de los activos y los riesgos del sistema financiero. En ese contexto, una operación inmobiliaria no puede valorarse únicamente desde el precio de adquisición o la rentabilidad prevista; también hay que saber si el activo es técnicamente viable, si cumple con la normativa y si puede generar costes no previstos.

El informe técnico-legal: cuando el activo necesita una mirada pericial
En una operación inmobiliaria, el expediente puede estar aparentemente completo y, aun así, no contar toda su historia. ¿Qué tipo de sorpresas puede esconder? Puede haber, entre otras cosas, obras ejecutadas sin la tramitación adecuada, superficies que no coinciden, usos no ajustados al planeamiento, instalaciones obsoletas, deficiencias de conservación o patologías que requieren una intervención costosa.
Por eso, la revisión debe ir más allá de una comprobación documental. Un informe técnico-legal puede analizar, entre otros aspectos:
- El estado constructivo general del inmueble.
- La existencia de patologías visibles o indicios de daños ocultos.
- La situación urbanística y la compatibilidad del uso previsto.
- Las licencias, expedientes y antecedentes administrativos.
- La adecuación a normativa de edificación, accesibilidad, seguridad o eficiencia energética.
- Los costes potenciales de reparación, adecuación o regularización.
- El impacto de los riesgos detectados en el valor del activo.
Riesgos constructivos: lo que una operación inmobiliaria puede ocultar
En una operación inmobiliaria, el estado real del activo no siempre se aprecia en una primera visita. Hay incidencias que parecen asumibles, pero que pueden arrastrar costes futuros y una pérdida real de valor.
Los riesgos constructivos tampoco suelen aparecer de forma clara en la documentación inicial. En una due diligence inmobiliaria, conviene prestar atención a cuestiones como:
- Estructura, cimentación y estabilidad del edificio.
- Humedades, filtraciones y problemas de impermeabilización.
- Estado de fachadas, cubiertas, patios y medianeras.
- Instalaciones de saneamiento, electricidad, climatización o ventilación.
- Accesibilidad, seguridad de uso y protección frente a incendios.
- Existencia de obras mal ejecutadas o reparaciones provisionales.
- Resultados de la ITE o de informes técnicos previos.
- Costes de rehabilitación, conservación o puesta en uso.
El Código Técnico de la Edificación, aprobado por el Real Decreto 314/2006, es una referencia esencial para entender las exigencias básicas de calidad, seguridad y habitabilidad de los edificios. Cuando ya existen daños, patologías o conflictos técnicos, puede ser necesario acudir a un informe pericial que permita documentar el problema con rigor.

Riesgos urbanísticos y legales: licencias, usos y regularización
Como estamos viendo, en una operación inmobiliaria, el riesgo también puede estar en la situación urbanística del activo. Un activo puede tener una buena localización y un precio aparentemente competitivo, pero presentar problemas de regularización: ampliaciones no legalizadas, cambios de uso no autorizados, discrepancias entre Catastro y Registro, obras ejecutadas sin licencia o limitaciones urbanísticas que impidan desarrollar el proyecto previsto.
Este tipo de riesgos son especialmente relevantes cuando el comprador pretende transformar el activo y, por ejemplo, convertir oficinas en viviendas o dividir una finca. Cuando existen obras realizadas sin la tramitación correspondiente, puede ser necesario un expediente de legalización para regularizar la situación técnico-administrativa del inmueble. La detección previa de estas cuestiones evita que el comprador herede un problema capaz de condicionar la explotación, la financiación o la venta futura del activo.
Valoración de carteras NPL y escenarios de inversión
En una cartera NPL, la deuda es solo el punto de partida. La operación puede estar estructurada sobre préstamos dudosos, descuentos o garantías, pero la recuperación depende, en buena medida, del activo inmobiliario que hay detrás. Y ese activo hay que mirarlo con los mismos criterios que cualquier otra operación: estado físico, situación jurídica, viabilidad urbanística y capacidad real de salida al mercado.
El Banco Central Europeo considera préstamos dudosos aquellos en los que han pasado más de 90 días sin que el prestatario pague las cuotas o intereses acordados. Esa definición sitúa el problema financiero, pero en una due diligence inmobiliaria la pregunta va un paso más allá: qué valor conserva la garantía y qué riesgos pueden afectar a su recuperación.
Ahí cobra sentido la valoración de carteras inmobiliarias. Una patología constructiva, una licencia pendiente o una situación urbanística compleja pueden alterar el valor previsto, retrasar la explotación del activo o incluso exigir una inversión adicional antes de cualquier venta o reposicionamiento. Por eso, las valoraciones inmobiliarias no solo ayudan a fijar un valor de mercado: también permiten construir escenarios más realistas. Cuando la operación requiere estándares internacionales o una lectura especialmente homologable, una valoración inmobiliaria RICS puede aportar un marco reconocido por inversores y operadores internacionales.
La importancia de la independencia pericial
En una due diligence la independencia es parte del valor del informe. El comprador necesita saber qué riesgos asume, pero el vendedor necesita anticipar objeciones. La entidad financiera necesita valorar garantías y, sin embargo, el inversor necesita comparar escenarios. Si hay algo que les une todos ellos es que, sin duda, todo ellos necesitan que el análisis no esté condicionado por el interés comercial de cerrar la operación.
Un gabinete independiente de arquitectos peritos judiciales aporta precisamente esa distancia técnica. Su función no es embellecer el activo ni dramatizar los riesgos, sino valorarlos con criterio profesional. En Aguirre & Baeza contamos con más de veinte años de experiencia en la elaboración de informes periciales de construcción, edificación y urbanismo. Antes de cerrar una operación, conviene saber qué se está comprando realmente. El informe técnico-legal ayuda a identificar el estado del activo, sus posibles cargas técnicas y los costes que podrían aparecer después en forma de reparaciones, retrasos o reclamaciones.



